Es aún noche cerrada cuando salimos de la ciudad, y en las habitualmente atestadas calles apenas nos cruzamos con unos cuantos autobuses, algunos exhiben grandes escudos del Real Madrid o del Barça, otros portan imágenes de Jesús con la corona de espinas. Al rato de tomar la carretera los primeros rayos de sol comienzan a filtrarse a través de los volcanes que vamos dejando atrás, el de Izalco, el de Santa Ana...en varios tramos la carretera discurre paralela a la vieja vía de tren, abandonada ya hace mucho, y que fue construida a finales del siglo XIX para hacer llegar el café de las altas tierras de cultivo hasta el puerto de Acajutla, de donde salía hacia los mercados de los Estados Unidos, también de Europa. Era la época en la que los países de la zona construyen unas economías basadas en el cultivo de uno o varios productos, que exportan a los mercados internacionales, sea el banano en Guatemala o el café en El Salvador, y que consolidaría la concentración del poder económico, y político, en unas cuantas familias propietarias de grandes plantaciones.En este pequeño pero muy densamente poblado país son muchos los pueblos, caseríos y comunidades por los que vamos pasando; a pesar de la temprana hora, en las calles abundan los puestos de comida, donde se preparan pupusas (tortillas de maíz rellenas de queso, chicharrón o frijoles).A las 2 horas llegamos a nuestro destino, el parque nacional El Imposible, el más grande de El Salvador, situado en las elevaciones costeras del pacífico fronterizo con Guatemala, un área natural considerada la más importante del país y uno de los últimos refugios de animales como el puma o el tigrillo. Su descorazonador nombre viene de las dificultades que tenían los cafetaleros de la zona para acarrear su producto al mar a través de este paraje, teniendo que atravesar quebradas y pasos por las que a menudo se despeñaban bestias de cargas y personas, hasta que en 1968 se construyó un puente que hizo más fácil, aunque algo menos heroico, su paso.Nuestro amigo Onno ha preparado una jornada de trekking por el parque nacional, así que tras una breve charla y explicación partimos con nuestros guías de la fundación Salvanatura, y durante horas subimos y bajamos por valles y quebradas, vadeamos el río Ixcanal y remontamos el curso del Maishtapula, donde encontramos una poza para un refrescante chapuzón. Hacia las 3 llegamos de vuelta al campamento, algunos (yo) más cansado que otros. Los guías nos cuentan que en ocasiones ese mismo camino tienen que hacerlo hasta 2 veces en un día, en ocasiones incluso de noche, cuando atisban luces de cazadores o pescadores furtivos y tienen que ir ahuyentarlos.Salimos de regreso cuando el sol ya está bajando, y desde las faldas del parque se puede divisar el océano pacifico, meta antaño de los que arriesgaban su vida cruzando El Imposible. En el camino sin asfaltar que baja del parque vamos dejando atrás a familias que caminan hacia algún templo cercano, la mayoría parecen evangélicos, las señoras con falda larga y pañuelo a la cabeza, los niños felices correteando entre el polvo del camino. Para cuando llegamos de vuelta a la ciudad ya es de noche, pero estoy demasiado cansado para que me despierte el ruido de esta alegre y bulliciosa ciudad.
Una mirada al Viejo y al Nuevo Continente. Una reflexión sobre las personas, corrientes e ideas que cruzan el Atlántico y el Canal de la Mancha en viajes de ida o de vuelta, a veces hasta de ida y vuelta.
Reflexiones sobre Europa, América y el Mediterráneo
Una mirada a la historia, una reflexión sobre el presente y algún comentario sobre el futuro de países, personas e ideas de ambos lados del atlántico
domingo, 5 de febrero de 2012
MISION IMPOSIBLE
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A pesar de la cercanía no conozco ese hermano pais. Hoy he conocido algo de él, gracias por compartir.
ResponderEliminarSaludos.